Stalingrado con las alas tòrridas
del verano, las blancas
mansiones elevándose:
una ciudad cualquiera.
La gente apresurada
a su trabajo.
Un perro cruza
el día polvoriento.
Una muchacha corre
con un papel en la mano.
No pasa nada,
sino el Volga
de aguas oscuras,
Una a una las casas
se levantaron
desde el pecho del hombre,
y volvieron los sellos de correo,
los buzones,
los árboles,
volvieron los niños,
las escuelas,
volviò el amor,
las madres
han parido,
volvieron las cerezas
a las ramas,
el viento
al cielo,
y entonces?
Sí, es la misma,
no cabe duda.
Aquí estuvo la línea,
la calle,
la esquina,
el metro y el centímetro
en donde nuestra vida y la razòn
de todas nuestras vidas
fue ganada
con sangre.
Aquí se cortò el nudo
que apretò la garganta
de la historia.
Aquí fue. Si parece mentira
que podamos
pisar la calle y ver
la muchacha y el perro,
escribir una carta,
mandar un telegrama,
pero tal vez
para esto,
para este día igual
a cada día,
para este sol sencillo
en la paz de los hombres
fue la victoria,
aquí, en esta ceniza
de la tierra sagrada.
Pan de hoy, libro de hoy, pino reciente
plantado esta mañana,
luminosa avenida
recién llegada del papel
en donde el ingeniero
la trazò bajo el viento de la guerra,
niña que pasas, perro
que atraviesas el día polvoriento,
oh milagros,
milagros de la sangre,
milagros del acero y del Partido,
milagros de nuestro nuevo mundo.
Rama de acacia con espinas y flores,
en dònde, en dònde
tendrás mayor perfume
que en este sitio en que todo perfume fue borrado,
en que todo cayò
menos el hombre,
el hombre de estos días,
el soldado soviético?
Oh, rama perfumada,
hueles
aquí
más que una reunida primavera!
Aquí hueles a hombre y a esperanza,
aquí, rama de acacia,
no pudo quemarte el fuego
ni sepultarte el viento de la muerte.
Aquí resucitaste cada día
sin haber muerto nunca,
y hoy en tu aroma el infinito humano
de ayer y de mañana,
de pasado mañana,
nos vuelve a dar su eternidad florida.
Eres como la usina de tractores:
hoy florecen de nuevo
grandes flores metálicas
que entrarán en la tierra
para que la semilla
sea multiplicada.
También la usina
fue ceniza,
hierro torcido, espuma
sangrienta de la guerra,
pero su corazòn no se detuvo,
fue aprendiendo a morir y.a renacer.
Stalingrado enseñò al mundo
la suprema lecciòn de la vida:
nacer, nacer, nacer,
y nacía
muriendo,
disparaba
naciendo,
se iba de bruces y se levantaba
con un rayo en la mano.
Toda la noche se iba desangrando
y ya en la aurora
podía prestar sangre
a todas las ciudades de la tierra.
Palidecía con la nieve negra
y toda la muerte cayendo
y cuando tu mirabas
para verla caer, cuando llorábamos
su final de fortaleza,
ella nos sonreía,
Stalingrado
nos sonreía.
Y ahora la muerte se ha ido:
sòlo algunas paredes,
alguna contorsiòn de hierro
bombardeado y torcido,
sòlo algún rastro
como una cicatriz de orgullo,
hoy todo es claridad, luna y espacio,
decisiòn y blancura,
y en lo alto
una rama de acacia,
hojas, flores, espinas defensoras,
la extensa primavera
de Stalingrado,
el invencible aroma
de Stalingrado!